“El abuso de la belleza: la estética y el concepto del arte” es un libro que analiza el rol de la belleza en el arte, la existencia de varios modos de estética, la problemática de identificar objetos que sean arte, y en fin, los diversos problemas que hacen que sea complicada una definición filosófica general del arte. El texto busca en primer lugar esclarecer el sentido de estética, arte y belleza y de trazar los límites en su interrelación. El autor del libro es el filósofo del arte Arthur Danto, nacido en los estados Unidos y actualmente radicado en el mismo país, donde es profesor en la universidad de Columbia.
El autor a lo largo del libro hace un repaso al papel que la belleza ha tenido en la historia del arte, y se concentra en una época en especial: el siglo XX, donde la belleza dejó ser un factor imprescindible de toda obra artística. Danto nos muestra su preocupación por lograr una nueva definición de arte en los términos más generales posibles.
Danto explica que antiguamente los objetos de arte eran limitados pero que existían métodos técnicos para descubrir si se trataba precisamente de objetos artísticos, luego, acaeció una ruptura en la cuál la gente se inclinó a pensar que cualquier objeto podía ser considerado arte y cualquier persona podía convertirse en artista. El autor reflexiona sobre las causas de este cambio radical en el pensamiento y sitúa como causantes a una serie de exposiciones de diferentes artistas que tomaban para las mismas objetos reales como por ejemplo un urinario (el artista Duchamp), cajas de productos comerciales (el artista Andy Warhol) , entre otros; Para el autor es gracias a esto que los objetos de arte se vuelven mucho menos fáciles de reconocer. Para explicar mejor el panorama al lector en primer punto, el autor cree conveniente introducir el caso de la “caja brillo” del respetado artista Andy Warhol, en el cuál surge un desconcierto al no encontrarse diferencias entre la caja de brillo expuesta y las otras miles de cajas brillos que salen al mercado, ¿qué es lo que convierte a la primera en arte y lo que cataloga a las segundas como simples objetos de uso doméstico sin relevancias artísticas?, el filósofo del arte, Arthur Danto trata de solucionar el problema afirmando que la belleza de la “caja brillo” radica en su significado, un significado que depende del contexto histórico, del tema conceptual que se intenta plasmar y no meramente del diseño. Tomando como punto este ejemplo, el autor desarrolla que el objeto artístico se puede apreciar por su estética o por su significado interior, siendo en ambos casos arte; este significado, para el autor, está vinculado como ya lo dije con el contexto, por ejemplo, el significado de un objeto como un casco de guerra está ligado a los usos del mismo, a la persona que lo porta y a el período en que se usa; puede decirse que simboliza el afán autodestructivo de los seres humanos.
Danto cree que es el momento adecuado para elaborar una filosofía del arte, puesto que éste ha llegado a su fin, en el sentido de que ya no se puede esperar a ver que más en términos de objeto, va a depararnos el arte. La idea de fin del arte es una idea Hegeliana en la que el autor concuerda, Hegel plantea que el fin del arte se da debido a que se ha convertido en un pretexto para el juicio intelectual en vez de ser una presentación sensorial de lo que se toma como una realidad.
En el libro se expone el pasado y el presente del arte y la necesidad de tras producirse cambios en la forma de pensar sobre él, crear nuevas definiciones del mismo y delimitar sus fronteras; y analiza el papel que ha tenido la belleza en el arte. El autor defiende que antiguamente la noción de arte estaba íntimamente ligada al concepto de belleza y ahora la situación ha cambiado radicalmente, esto debido a que han ido surgiendo obras que no poseían belleza alguna, por ejemplo las obras con temas repulsivos, las cuáles tratan de causar sensaciones de asco en el espectador; Danto llega entonces a la conclusión de que la belleza es un atributo secundario del arte, y que no necesariamente una obra de arte debe ser bella.
Danto toma el ejemplo del artista Fry, nos dice que la belleza en su obra está totalmente ausente; sin embargo el mismo Fry planteaba que la belleza de su obra requería de una educación estética. Danto afirma que si bien es cierto hay obras cuya belleza no está a simple vista, hay otras que simplemente no la tienen ni deberían tenerla.
Danto expone que como respuesta a este desconcierto del papel de la belleza en el arte surge lo que el llama “la vanguardia intratable” (dadaísmo), una corriente que se negó a crear objetos hermosos y contribuyó a mostrar que el arte no necesariamente tenía que ser bello. Son los artistas de esta corriente quienes muestran un aborrecimiento hacia la belleza y muchas veces toman como eje de su arte el asco. Este destronamiento de la belleza para Danto se da por dos razones: primero, porque la belleza deja de tener cabida en la definición del arte; y segundo, porque hay la creencia generalizada de que la belleza trivializa el objeto que la posee.
Uno de los puntos importantes del libro es cuando Danto motivado por estos cambios drásticos en la manera de mirar el arte, plantea dos condiciones para que un objeto sea considerado arte; en primer lugar que posea una propiedad semántica, y en segundo lugar que posea algunos rasgos pragmáticos como la belleza, la sublimidad, la repugnancia o el ridículo. La semántica está vinculada a lo externo y la pragmática a lo que sentimos mediante la obra de arte.
El autor muestra influencias del pensamiento de Hegel y de Kant, incluyendo las opiniones de estos dos filósofos en su libro. Con respecto a Hegel está muy apegado, sobretodo al decir que no hay nadie como él que sienta más admiración por Hegel; toma como idea importante la diferencia entre belleza natural y belleza artística, siendo la segunda más elevada, puesto que es nacida y renacida en el espíritu; con respecto a Kant, analiza alguna de sus ideas, pero no siempre concuerda con ellas como lo hace con las de Hegel; toma muy en cuenta la idea del filósofo que defiende que la belleza agrada y pretende el asentimiento universal y la idea de que lo bello es símbolo de moralidad; el autor en este punto, partiendo inicialmente de este pensamiento, afirma que la belleza es un valor y una necesidad básica para el ser humano.
Se aborda el tema de la politización del arte; y el de la imposición de cánones de belleza por algunos sectores de la sociedad, la revelación de la misma y lucha en contra de los cánones impuestos; Danto ejemplifica esta lucha con al afianzamiento de los rasgos negros a través de los peinados afro, entre otros.
El autor Arthur Danto luego aborda lo que denomina “el tercer reino”, el reino del embellecimiento. La belleza de este reino es la belleza que un objeto tiene solo porque fue inducida a tenerla por medio de acciones que buscaban embellecer. Danto avanza con este nuevo tema apoyándose en las ideas de Hegel y de Kant. Para Hegel, el arte es auxiliar en el tercer reino , ya que considera que es aplicada a fines que le son externos, también plantea que el arte emplea vehículos sensoriales para transmitir su contenido. Kant por otro lado plantea que la belleza debe ser libre, y esta libertad se da cuando no presupone concepto alguno de lo que el objeto artístico debería ser; Danto agrega que lo que le falta a Kant es el concepto de significado; Kant desprecia el tercer reino por considerar que es un insulto al arte mismo.
Danto analiza luego la relación del tercer reino con el “buen gusto”. Concuerda con la idea de Hegel consistente en que el “buen gusto” se dirige solo a la superficie en la que actúan los sentimientos y no presta atención a los efectos más profundos de la obra de arte.
Kant desprecia el tercer reino porque no toma en cuenta que el tercer reino está vinculado a la moral, y por ejemplo, la decoración de una pintura religiosa, no está ni tiene porque estar ligada al buen gusto puesto que lo que se busca es rendir homenaje; y si la decoración no es excesiva, el homenaje no llega a cumplir su propósito. El gusto pues, no cuenta para nada, aunque la ornamentación sea exagerada.
Danto, para terminar con el tema del tercer reino, agrega que el embellecimiento puede pervertirse si algo se emplea por mero acicalamiento. El peso simbólico de la obra se perdería.
El autor luego trata el tema de la belleza interna y externa. Comienza reflexionando el hecho de que en el renacimiento se buscaba la transparencia , y que luego esta búsqueda se dejara de lado, haciendo que las nuevas obras de arte existieran para ser contempladas en sí mismas y no para que se observase mediante ellas. Danto analiza el caso de la pintura “mujer con sombrero” del artista Matisse; plantea que el autor no pintó la cosa en sí (la mujer) sino el efecto que producía; es decir, que el mal dibujo por el que se lo criticó era parte del efecto que buscaba, que era expresar la fuerza y valentía de la mujer. Al cuadro de Matisse, que no poseía en absoluto una belleza externa, le puede faltar una verdad visual, pero transmite una verdad más honda.
Danto lanza la idea de que la belleza estética es la que se percibe a través de los sentidos; y la belleza artística es la que requiere una inteligencia crítica. En este punto el autor se pregunta si en el último caso, que pertenecería al efecto transmitido por el cuadro de Matisse, se debe emplear la palabra belleza. Para aclarar el problema coloca el ejemplo de la atracción que sentimos hacia las personas, muchas veces se debe a la belleza física, pero en otras ocasiones solo a las cualidades que éstas poseen, cualidades como la inteligencia, la bondad, la paciencia, la alegría, etc.; que nada tienen que ver con la belleza.
Luego de reflexionar sobre estos puntos, Arthur Danto trata de analizar el vínculo de la estética con el arte. Danto concuerda con Hegel al momento de definir la estética como la ciencia de la sensación o el sentimiento. Para Danto la estética es parte de la obra de arte cuando la obra es tratada en relación a los sentimientos o sensaciones que se supone debe producir en el espectador.
Danto analiza además la relación entre belleza y significado cuándo la belleza de una obra es parte o no de su identidad como objeto artístico. Regresa al caso de Duchamp y sus “readymades” y plantea que en sus obras la intención del artista fue reemplazar completamente lo sensible por lo intelectual, es decir, desvincular totalmente la estética del arte; en este caso, la belleza del objeto, no es parte del significado de la obra de arte. Luego analiza el caso de monumento “Vietnam Veteran’s Memorial” de Maya Lin; en el que la belleza es interna a la obra.
El autor plantea que la belleza interna sirve para ilustrar la forma e la que el sentimiento se vincula con los pensamientos que animan la obra de arte. En este punto Danto agrega que hay más formas aparte de la belleza que realizan esta conexión, como el asco, el erotismo, etc. La belleza, explica Danto, es solo una posibilidad de entre muchas; es por esto que Duchamp decía: “No quiero destruir el arte para nadie aparte de yo mismo”
Después de analizar sobre la belleza interna y externa en el arte; Arthur Danto se pregunta para qué sirven las obras de arte, cuál es su función, qué buscamos por medio de ellas. Plantea que las obras de arte sirven para conocer la cultura a la que pertenecen y nuestra propia vida interior en cuanto integrantes de esa misma cultura.
Analiza la relación de la belleza con el dolor moral, y expone que la belleza transforma el dolor mediante un ejercicio de liberación. Toma de ejemplos la elegía de Motherwell, una pintura que representaba dolor, pero que no dejaba de ser hermosa; y el monumento de Maya Lin, cuya belleza actuaría como lenitivo del dolor por la pérdida. En contraposición a este uso de la belleza, Danto destaca el caso de la representación de prostitutas en Picasso, representaciones en las que la belleza de las prostitutas buscaba provocar el placer perverso de contemplar a mujeres bellas sufrir. Llegado a este punto se puede apreciar la relación que tiene la belleza con la moral.
El autor reflexiona sobre la exposición de Bienal de 1963, en la que se buscó un arte acorde a la moral de la época. El objetivo de la exposición era cambiar la actitud moral de la gente, el arte se expresaba a través del asco porque quería representar el mundo tal y como era; y si la belleza se hubiera interpuesto, hubiese sido un error artístico. El asco pues, pareció ser el sentimiento más adecuando para ciertos contenidos que hubieran sido rechazados cuando la belleza era condición inseparable del arte. La utilización de esta posibilidad (el asco) fue la consecuencia del destierro de la belleza como característica inseparable del concepto de arte y la aceptación de que solo era una posibilidad entre muchas otras.
El papel de los museos es analizado también en el libro de Arthur Danto. El autor plantea que los museos son un lugar donde se adquieren conocimientos. Los conocimientos que se adquieren de los museos son dos; primero, el conocimiento del arte en sí; y segundo, el conocimiento del arte como producto cultural. Danto plantea que las obras de arte pueden atraparnos y preguntarnos qué somos y es innegable que la transformación es un efecto que el arte ejerce sobre los que lo contemplan. Danto observa que el espíritu absoluto, concebido por el filósofo Hegel, conecta el arte de una cultura dada con la humanidad entera.
Finalmente el autor trata el tema de la sublimidad en el arte. Define lo sublime como un estado de éxtasis máximo, una belleza exaltada. Los sublime, según Kant y Danto, no guarda relación alguna con el conocimiento científico.
En mi opinión, el libro “El abuso de la belleza: la estética y el concepto del arte”, es un texto recomendable si lo que se desea es esclarecer la definición de lo que es arte y si se desea saber sobre el papel que cumple la belleza en el mismo. La obra del filósofo del arte Arthur Danto nos proporciona un análisis desde varios puntos de vista sobre estos temas, introduciendo pensamientos de artistas y filósofos diversos para confrontar sus ideas. Es un repaso por la historia del arte, nos narra las dificultades que han surgido recientemente y la ruptura de creencias sobre lo que era considerado arte, estética y belleza y sobre su interrelación. Una obra que puede cumplir tanto las expectativas de una persona que recién se acerca al mundo del arte como de una persona que ya tiene experiencia en el campo.
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"Pandemonio, es una ciudad en la que deambulan Las Voces y en la que se aguarda eternamente al huésped, sea digno o indigno, sea bueno o malo. En su interior apretujados caídos revolotean en una sola carne, dispuestos a saltar al primer navío disponible, como una fuga de agua caliente.
Solo tendrás un segundo para decidir: Leer el Manual de la Naturaleza Doble, y dar la vida; o ser otro para siempre" El capitánTulik; José R. García.
viernes, julio 03, 2009
Reseña: Arthur Danto, El abuso de la belleza: la estética y el concepto del arte
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Filosofía
miércoles, julio 01, 2009
Vibraciones Infernales. “Infernal Dance of all Kashchei’s subjects”
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Música Clásica,
Stravinsky
Sin duda el “Infernal Dance of all Kashchei’s subjects” es la pieza musical que más me ha atraído del mundo de la música clásica. Un texto polifónico lleno de deliciosas disonancias, instrumentos que estallan, irrumpen y recrean con una fidelidad espantosa lo que muy bien anuncia el título: una danza en el infierno.
En el comienzo de la obra surgen los metales anunciando, de la única manera en que se podía anunciar, un viaje hacia el averno. Escuchar aquellas primeras notas es sumergirse irremediablemente en aquella odisea. Los instrumentos surgen completamente impredecibles: los metales anuncian algo titánico, luego las cuerdas aparecen y crean el vértigo, la sensación de surcar los confines de lo desconocido. Stravinsky fusiona todos aquellos sonidos, los junta, los hace explotar y crea una visión de caos, de inmensidad; la ilusión de subir contra voluntad a la barca de Caronte.
Los instrumentos reconocibles en el texto son el violín, el contrabajo, el arpa, el clarinete, el oboe, el fagot, la trompa, la tuba, la trompeta, el trombón, el piano, el xilófono, los timbales; todos mezclándose, alternándose, durante toda la pieza. Los violines, y los contrabajos junto al arpa, el oboe, el clarinete y el fagot brindan el lirismo; los metales como la tuba y las trompetas anuncian sin cesar el ambiente titánico del infierno; el piano, el xilófono aparecen como si reflejasen el caos, la locura, momentos de desconexión con la realidad; y la percusión, que muy bien puede significar aquí el trote doloroso de nuestros corazones producto de aquella experiencia.
El final es como el salir de aquel mundo subterráneo, es irse alejando poco a poco de aquella visión. Se ingresa a un estado equilibrado, estado que se muestra en el “Lullaby of the Firebird”, el texto musical que sigue. El final del “Infernal Dance of all Kashchei’s subjects” lo he entendido entonces como un tránsito de un estado a otro.
Una representación que refleja aquello que desde niño temí y tuve la certeza de que tenía el poder de llevarme hacia la locura: la inmensidad. Desde pequeño tengo pánico de todas aquellas representaciones que me hagan imaginar por un momento la inmensidad; mi terror hacia las iglesias se debe a este hecho, contemplar aquellas imágenes de santos de proporciones infinitas me aterroriza. Stravinsky y su “Infernal Dance of all Kashchei’s subjects” es para mí, el equivalente a la suma de las representaciones homéricas, dantescas y nórdicas del infierno, todas resumidas en aproximadamente cuatro minutos y medio; una suma que sacude mi alma como cual condenado al hielo eterno. Llegado a este punto podría concluirse que esta pieza de Stravinsky, al tener el poder de acercar una visión de infinito, causa en mí un terror inimaginable, un terror que se supone, haría, como en el caso de los cuadros gigantes de santos, insoportable. Sin embargo este no es exactamente el caso, y es que no comprendo el motivo, pero a la misma vez que sé que la contemplación definitiva de las cosas inmensas desencadenaría en mí la locura, no puedo evitar buscar los medios que me acerquen más a esa experiencia, es como si mi espíritu, a pesar de saber que no lo puede lograr, intentara conocer la totalidad que lo rodea.
En el comienzo de la obra surgen los metales anunciando, de la única manera en que se podía anunciar, un viaje hacia el averno. Escuchar aquellas primeras notas es sumergirse irremediablemente en aquella odisea. Los instrumentos surgen completamente impredecibles: los metales anuncian algo titánico, luego las cuerdas aparecen y crean el vértigo, la sensación de surcar los confines de lo desconocido. Stravinsky fusiona todos aquellos sonidos, los junta, los hace explotar y crea una visión de caos, de inmensidad; la ilusión de subir contra voluntad a la barca de Caronte.
Los instrumentos reconocibles en el texto son el violín, el contrabajo, el arpa, el clarinete, el oboe, el fagot, la trompa, la tuba, la trompeta, el trombón, el piano, el xilófono, los timbales; todos mezclándose, alternándose, durante toda la pieza. Los violines, y los contrabajos junto al arpa, el oboe, el clarinete y el fagot brindan el lirismo; los metales como la tuba y las trompetas anuncian sin cesar el ambiente titánico del infierno; el piano, el xilófono aparecen como si reflejasen el caos, la locura, momentos de desconexión con la realidad; y la percusión, que muy bien puede significar aquí el trote doloroso de nuestros corazones producto de aquella experiencia.
El final es como el salir de aquel mundo subterráneo, es irse alejando poco a poco de aquella visión. Se ingresa a un estado equilibrado, estado que se muestra en el “Lullaby of the Firebird”, el texto musical que sigue. El final del “Infernal Dance of all Kashchei’s subjects” lo he entendido entonces como un tránsito de un estado a otro.
Una representación que refleja aquello que desde niño temí y tuve la certeza de que tenía el poder de llevarme hacia la locura: la inmensidad. Desde pequeño tengo pánico de todas aquellas representaciones que me hagan imaginar por un momento la inmensidad; mi terror hacia las iglesias se debe a este hecho, contemplar aquellas imágenes de santos de proporciones infinitas me aterroriza. Stravinsky y su “Infernal Dance of all Kashchei’s subjects” es para mí, el equivalente a la suma de las representaciones homéricas, dantescas y nórdicas del infierno, todas resumidas en aproximadamente cuatro minutos y medio; una suma que sacude mi alma como cual condenado al hielo eterno. Llegado a este punto podría concluirse que esta pieza de Stravinsky, al tener el poder de acercar una visión de infinito, causa en mí un terror inimaginable, un terror que se supone, haría, como en el caso de los cuadros gigantes de santos, insoportable. Sin embargo este no es exactamente el caso, y es que no comprendo el motivo, pero a la misma vez que sé que la contemplación definitiva de las cosas inmensas desencadenaría en mí la locura, no puedo evitar buscar los medios que me acerquen más a esa experiencia, es como si mi espíritu, a pesar de saber que no lo puede lograr, intentara conocer la totalidad que lo rodea.
viernes, junio 12, 2009
Cinematografía Tarkovskiana y Yo
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Andrei Tarkovski
Mi gusto por el cine es bastante antiguo, las películas me gustaban desde pequeño e ir al cine era una actividad recurrente en ese entonces, sin embargo casi en todas las ocasiones en las que mis ojos se posaron en una producción cinematográfica, quedé absolutamente decepcionado, pasmado y porqué no decirlo, frustrado. Con el paso del tiempo dentro de mí se fue alimentando una sensación de amargura, de resentimiento, necesitaba ver buen cine, no lo que el mundo quería que consumiese. Mi investigación fue bastante torpe, necesitaba encontrar personas que me sirvieran de guías, pero me fue imposible ya que dentro de mi círculo de amistades ninguno entendía lo que la palabra “cine” realmente significaba. Me sumergí en aquella búsqueda completamente solo, y poco a poco, fui encontrando las cintas que desde hace mucho deseaba con toda mi alma.
Un día, de casualidad, cuando acostumbraba ver televisión, me topé con una imagen totalmente curiosa, no sé cómo explicarlo, pero aquella imagen me hizo sentir que había encontrado algo muy importante, un tesoro que guardaría siempre; lo que ví fue la escena de lo que parecía ser una película un poco antigua, en la que un hombre de mediana edad sostenía entre las manos una pequeña vela encendida y caminaba muy despacio y con dificultad tratando de llegar al otro extremo de la piscina seca y mohosa dentro de la que se encontraba. En ese momento no logré descifrar aquel mensaje, pero seguí con los ojos atados a la pantalla. A medio camino la vela se apagó, el hombre se detuvo largo rato y comenzó a retroceder hasta el punto de partida, donde volvió a encenderla para reemprender aquel trabajo de ir de un extremo a otro de la piscina sin que la la llama de ésta se extinga, acto que acababa de percatarme, era una especie de peregrinaje, un peregrinaje genial, único, plasmado en un cine que no creí pudiera ser posible. La figura de aquel sujeto se tornaba imponente mientras caminaba hacia el otro extremo de la piscina, los charcos, las piedras, el moho, eran obstáculos que le hacían pesado el viaje; recuerdo claramente que con cada fibra de mi ser, sin darme cuenta, comencé a apoyar a aquel hombre: deseaba que lograse su meta, como si esa meta me involucrase a mí también. La vela sin embargo se volvió a apagar, mi corazón se detuvo, igual que los pasos de aquel, en principio extraño y luego familiar sujeto, no fue necesario ver lo que continuaba para saber que no iba a encenderla ahí mismo sino que debía volver hacia el punto de partida para hacerlo; la débil y rebelde flama murió unas cuantas veces más, y la figura de aquel hombre, que se mostraba tan pequeña y vulnerable dentro de aquella escena y que a la misma vez no daba su brazo a torcer terminaba identificándose con aquel humano que pese a saber que es imposible cambiar por el solo el mundo, lo intenta. El hombre logra llevar la vela a su destino, y uno entiende entonces que el sacrificio de aquel sujeto por salvar la humanidad ha terminado. Ese fue mi encuentro con Andrei Tarkovski.
Luego de haber visto esa escena, intenté averiguar el nombre de la película, o al menos el del director, pero fue inútil. Pasó un tiempo y decidí buscarla al azar. Dispuse entonces del catálogo de mi universidad y retiré el título que más me llamó la atención; para mi sorpresa, la película que retiré era la que contenía aquella escena que había visto hace un tiempo. Cuando terminé de ver la película, que ahora tenía nombre: Nostalgia, del director ruso Andrei Tarkovski quedé totalmente impresionado, encadenado de por vida a sus creaciones.
La pregunta entonces surge, ¿ porqué disfruto del cine de Tarkovski?. No me considero una persona que conoce mucho de cine, ni siquiera lo elemental, pero dentro de lo que considero puntos de genialidad en las producciones de este director están los siguientes; en primer lugar su uso magnífico del paisaje, aquellas escenas amplias, aquellos horizontes que proyecta en sus films, como por ejemplo en el final de "Nostalghia", cuando la cámara se va alejando del protagonista y su perro, quienes se encuentran reposando en el campo, se observa la nieve cayendo, y cada vez aquellos dos puntos amigos se van perdiendo más y más en la pantalla, anunciando una despedida. Los ambientes son notables, siendo el que más me agrada, la habitación del Stalker en la película del mismo nombre, aquella habitación en la cuál junto a la cámara nos vamos adentrando con lentitud, que nos presenta a los personajes, los descubre y que nos introduce al mundo post-apocalíptico en el que se desarrolla la cinta. Otro punto que me atrae de las producciones de este director ruso, es su mundo sonoro, sobretodo aquella obsesión por los sonidos que puede producir el agua, obsesión que comparto con él, y es que para mí no hay nada más hermoso que la música que produce la lluvia al caer, o un río, o un charco de lodo al caminar sobre él, sonidos simples, pero que reflejan las verdades más grandes de la naturaleza y con ello de la vida; el agua es la música de fondo en las películas de Tarkovski, su sello personal; se puede identificar el sonido de gente bañándose en aguas termales y el sonido de charcos de agua siendo aplastados por el protagonista en "Nostaghia"; un arroyo en "Stalker", un túnel medio lleno de agua que será transitado por los tres protagonistas y el sonido de un camión avanzando por un camino recién sacudido por la lluvia. Otro punto atrayente es su lenguaje críptico, difícil de entender; y es que dentro de sus producciones los mensajes se hayan codificados; por ejemplo en "Stalker", donde existe un simbolismo excepcional. Los temas siempre me son interesantes, y aunque el mismo Tarkovski desprecie Solaris, creo que es una película recomendable; el tema abordado en Solaris es aquella lucha que los hombres llevamos con los recuerdos, cómo a veces uno no logra liberarse de ellos, cuando, por diversas circunstancias, es imprescindible hacerlo, tema que le es familiar a toda la humanidad y que me recuerda la temática de caracter universal de las obras shakespereanas. Pero sin duda alguna lo que más me llama la atención es la actitud de los protagonistas frente a una realidad aparentemente insufrible, ellos aún sabiendo que esta realidad que los rodea no puede cambiar producto de sus insignificantes actos, llevan a cabo su intento.
A mi parecer conocer la vida de los autores no debe influir en la apreciación de sus obras de arte; las obras de arte son independientes a la biografía de sus creadores y por lo tanto se deben analizar de la misma forma. En todo caso como punto aparte, la vida del director de aquellas películas emblemáticas de cine ruso y de la historia del cine en general, merece la pena ser analizada por el valor que denota ella misma. De su vida no conozco demasiado, sin embargo uno de los puntos que más me llama la atención es que una vez reconocido su talento, el gobierno le dificultaba la realización de sus cintas por seguir una línea diferente a la del partido; los esfuerzos del genial director eran enormes y a pesar de todas éstas trabas concluía sus trabajos, y de forma impecable.
Espero que mi experiencia con las películas del director ruso Tarkovski nunca se agote. Pienso seguir disfrutando de las obras cinematográficas de mi director favorito.
Un día, de casualidad, cuando acostumbraba ver televisión, me topé con una imagen totalmente curiosa, no sé cómo explicarlo, pero aquella imagen me hizo sentir que había encontrado algo muy importante, un tesoro que guardaría siempre; lo que ví fue la escena de lo que parecía ser una película un poco antigua, en la que un hombre de mediana edad sostenía entre las manos una pequeña vela encendida y caminaba muy despacio y con dificultad tratando de llegar al otro extremo de la piscina seca y mohosa dentro de la que se encontraba. En ese momento no logré descifrar aquel mensaje, pero seguí con los ojos atados a la pantalla. A medio camino la vela se apagó, el hombre se detuvo largo rato y comenzó a retroceder hasta el punto de partida, donde volvió a encenderla para reemprender aquel trabajo de ir de un extremo a otro de la piscina sin que la la llama de ésta se extinga, acto que acababa de percatarme, era una especie de peregrinaje, un peregrinaje genial, único, plasmado en un cine que no creí pudiera ser posible. La figura de aquel sujeto se tornaba imponente mientras caminaba hacia el otro extremo de la piscina, los charcos, las piedras, el moho, eran obstáculos que le hacían pesado el viaje; recuerdo claramente que con cada fibra de mi ser, sin darme cuenta, comencé a apoyar a aquel hombre: deseaba que lograse su meta, como si esa meta me involucrase a mí también. La vela sin embargo se volvió a apagar, mi corazón se detuvo, igual que los pasos de aquel, en principio extraño y luego familiar sujeto, no fue necesario ver lo que continuaba para saber que no iba a encenderla ahí mismo sino que debía volver hacia el punto de partida para hacerlo; la débil y rebelde flama murió unas cuantas veces más, y la figura de aquel hombre, que se mostraba tan pequeña y vulnerable dentro de aquella escena y que a la misma vez no daba su brazo a torcer terminaba identificándose con aquel humano que pese a saber que es imposible cambiar por el solo el mundo, lo intenta. El hombre logra llevar la vela a su destino, y uno entiende entonces que el sacrificio de aquel sujeto por salvar la humanidad ha terminado. Ese fue mi encuentro con Andrei Tarkovski.
Luego de haber visto esa escena, intenté averiguar el nombre de la película, o al menos el del director, pero fue inútil. Pasó un tiempo y decidí buscarla al azar. Dispuse entonces del catálogo de mi universidad y retiré el título que más me llamó la atención; para mi sorpresa, la película que retiré era la que contenía aquella escena que había visto hace un tiempo. Cuando terminé de ver la película, que ahora tenía nombre: Nostalgia, del director ruso Andrei Tarkovski quedé totalmente impresionado, encadenado de por vida a sus creaciones.
La pregunta entonces surge, ¿ porqué disfruto del cine de Tarkovski?. No me considero una persona que conoce mucho de cine, ni siquiera lo elemental, pero dentro de lo que considero puntos de genialidad en las producciones de este director están los siguientes; en primer lugar su uso magnífico del paisaje, aquellas escenas amplias, aquellos horizontes que proyecta en sus films, como por ejemplo en el final de "Nostalghia", cuando la cámara se va alejando del protagonista y su perro, quienes se encuentran reposando en el campo, se observa la nieve cayendo, y cada vez aquellos dos puntos amigos se van perdiendo más y más en la pantalla, anunciando una despedida. Los ambientes son notables, siendo el que más me agrada, la habitación del Stalker en la película del mismo nombre, aquella habitación en la cuál junto a la cámara nos vamos adentrando con lentitud, que nos presenta a los personajes, los descubre y que nos introduce al mundo post-apocalíptico en el que se desarrolla la cinta. Otro punto que me atrae de las producciones de este director ruso, es su mundo sonoro, sobretodo aquella obsesión por los sonidos que puede producir el agua, obsesión que comparto con él, y es que para mí no hay nada más hermoso que la música que produce la lluvia al caer, o un río, o un charco de lodo al caminar sobre él, sonidos simples, pero que reflejan las verdades más grandes de la naturaleza y con ello de la vida; el agua es la música de fondo en las películas de Tarkovski, su sello personal; se puede identificar el sonido de gente bañándose en aguas termales y el sonido de charcos de agua siendo aplastados por el protagonista en "Nostaghia"; un arroyo en "Stalker", un túnel medio lleno de agua que será transitado por los tres protagonistas y el sonido de un camión avanzando por un camino recién sacudido por la lluvia. Otro punto atrayente es su lenguaje críptico, difícil de entender; y es que dentro de sus producciones los mensajes se hayan codificados; por ejemplo en "Stalker", donde existe un simbolismo excepcional. Los temas siempre me son interesantes, y aunque el mismo Tarkovski desprecie Solaris, creo que es una película recomendable; el tema abordado en Solaris es aquella lucha que los hombres llevamos con los recuerdos, cómo a veces uno no logra liberarse de ellos, cuando, por diversas circunstancias, es imprescindible hacerlo, tema que le es familiar a toda la humanidad y que me recuerda la temática de caracter universal de las obras shakespereanas. Pero sin duda alguna lo que más me llama la atención es la actitud de los protagonistas frente a una realidad aparentemente insufrible, ellos aún sabiendo que esta realidad que los rodea no puede cambiar producto de sus insignificantes actos, llevan a cabo su intento.
A mi parecer conocer la vida de los autores no debe influir en la apreciación de sus obras de arte; las obras de arte son independientes a la biografía de sus creadores y por lo tanto se deben analizar de la misma forma. En todo caso como punto aparte, la vida del director de aquellas películas emblemáticas de cine ruso y de la historia del cine en general, merece la pena ser analizada por el valor que denota ella misma. De su vida no conozco demasiado, sin embargo uno de los puntos que más me llama la atención es que una vez reconocido su talento, el gobierno le dificultaba la realización de sus cintas por seguir una línea diferente a la del partido; los esfuerzos del genial director eran enormes y a pesar de todas éstas trabas concluía sus trabajos, y de forma impecable.
Espero que mi experiencia con las películas del director ruso Tarkovski nunca se agote. Pienso seguir disfrutando de las obras cinematográficas de mi director favorito.
martes, junio 09, 2009
Capítulo 3 : Desconcierto
Una cáscara azulada lo rodea todo. Santiago parece juguetear en el límite de la locura, su mente incapaz de soportar tal estímulo; aquella barrera de cúmulos azules era espantosa, el mundo estaba aislado del universo, atrapado en su propia decadencia. no fue infestado de bestialidad humana, se había salvado: la tierra, en su última y desesperada medida encerró al caos en su propio seno.
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